jueves, 24 de julio de 2008

Burbujas (Nicolás Gramajo)

Estábamos solos,
completamente solos los dos,
en medio de la multitud.

Estábamos en silencio
y rodeados de silencio,
entre gritos desgarradores y abrumadores bullicios.

Éramos invisibles,
puramente transparentes,
con cientos de ojos taladrando nuestras espaldas.

Estábamos quietos,
en un museo de cera,
mientras el vértigo nos rozaba con furia.

Estábamos calientes,
calientes y desnudos,
a muchos grados bajo cero.

Estábamos en paz,
en una paz real, verdadera,
codeando la mas macabra guerra.

Estábamos ebrios,
hasta la inconciencia ebrios,
en una lucidez plena.

Éramos uno,
fusionados, soldados,
en dos heterogéneas partes incompatibles.

Estábamos holgados de tiempo,
teníamos toda la noche,
abrazados a la cuenta regresiva de una bomba.

Éramos libres,
gozábamos de ese aire, de ese espacio,
con los grilletes surcando nuestras muñecas.

Éramos amor, amor del bueno,
hasta que las campanadas sonaron
y las burbujas se transformaron en calabazas.

Mudos y a sus pies (Nicolás Gramajo)

Nunca imaginó
que el amor era tan solo
un contrato de alquiler,
sin garantías.

Y ahora llora espesas lágrimas
que duelen en los ojos,
acariciando un apolillado portarretratos,
sabiendo lo irreversible del caso,
dictándole oraciones repetidas
a velas sudorosas.

Nunca imaginó ver,
mudos y a sus pies,
esos naipes que fueron torre,
esas piedras que fueron castillo,
esas fichas que fueron ajedrez.

martes, 13 de mayo de 2008

Fast food (Nicolás Gramajo)

Todos hemos muerto alguna vez
en lo profundo de un callejón,
todos hemos estado llenos
de moscas y gusanos comiéndonos,
lentamente.

Hemos vivido también,
hemos reído,
pero hemos muerto,
cientos y cientos de veces,

nos han lamido sin asco las heridas
y nos han mordido, con ganas,
arrancando carnes,
escupiéndolas más tarde.

Hemos comido sobras de las sobras,
hemos jugado al Solitario, acompañados,
fuimos fantasmas
bajo la luna metropolitana
y mas de una vez nos encandilamos
bajo multicolores luces.

Hicimos las paces,
lamimos lenguas ensangrentadas
rasgamos sabanas de seda,
luego, un duelo a muerte,
solo un sobreviviente
parado sobre el cuerpo frío y blanco,
blanco y tenso.

Plantamos cardos y alegrías
en nuestros portales,
delanteros y traseros.
Dejamos caramelos en el camino
para que la próxima victima
llegue dulce, ingenua,
y así, despiadadamente devorarla.

Hemos muerto y reencarnado,
consecutivamente,
matado y reanimado,
aleatoriamente,

y hoy, ni muertos ni vivos,
muertosvivos,
hemos quedado solos
y transparentes ante el espejo.

Tronos vacantes (Nicolás Gramajo)

Ya es tarde,
cerraré ventanas y postigos,
presiento que nadie
se precipitará a robarme el sueño,
al menos por esta noche.

Procuraré dormir,
rodeado por los escombros de mi vida,
revoloteando como duendes.
En un cofre, tras cadena y candado,
candado y cadena,
mi alegría sin trucos.

Ya sin esperanzas de
un timbre que estremezca el silencio,
que lo parta en dos,
un llamado, un grito,
un pedido de ayuda,
al menos una enfurecida blasfemia,
algo que me despabile.

Lleno de cadáveres postrados
en las paredes de la habitación,
paredes obligadas callar,
sin afinadisimos tacos
que estrujen las tablas del suelo
ni mariposas que apaguen el sádico despertador.

Con un pasado tatuado en nuestro tiempo,
indeleble,
con cicatrices ya cerradas
y heridas todavía abiertas,
en el tedio, el ocio
de la noche fría,
de la cama vacía,
del rojo trono, intacto.

Revolveré en mis sueños
por migajas de pan,
esperaré en la oscuridad, sigiloso,
a esa hada maldita,
que con sierras y motosierras,
palabra tras palabra me despedaza.

Principio de un adios (Inés)

Amaneciendo con la sensación
de haber sido perpetua en tus sueños,
intrascendente melodía
que con velocidad comienza a sonar
y un espejo malcriado que me refleja al despertar.
Queriendo recordar
las descargas de tu presencia,
la sonrisa que la vida nos regalo una madrugada
y una corona de princesa
que con el tiempo se ha empezado a oxidar.

Caminando por la cornisa
de nuestro mundo de cartón,
que con pureza un día supimos construir.
Llegando al principio del fin
enterrando el prototipo de un amor,
que ni la melancolía podría salvar.
Prefiero pensar que el azar
no jugo su mejor carta a creer
que traicionamos a nuestro propio amor,
que con dulzura, un día como hoy nos hizo feliz.
Quizás el tiempo responda a mis dudas,
quizás el olvido ya se empezó a robar
el néctar de nuestros besos,
el principio de nuestro adiós.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Sabar [Paciencia] (Nicolás Gramajo)

Detente, separa tus parpados y pestañas,
mírame, guárdame en tu álbum,
busca en mis ojos las palabras
que solo ellos te sabrán decir.

Respuestas que no tengo
a preguntas que nunca me harías,
solo en mis ojos,
el lo profundo de ellos,
te verás reflejada.

Baja como un yo-yo
y vuelve a subir,
corre y detente,
para seguir corriendo.

Respira, toma bastante aire
que luego te hará falta,
párate en medio de la avenida,
y detén los coches.

Tomate un momento
para escuchar más allá de todo,
para encontrar ese segundo perfume
y ver eso que hay dentro de mis ojos.

Congela el tiempo,
para las balas,
abre tus ojos y los míos,
y mira más allá.

Hoy tenemos más tiempo
que el tiempo,
frena tu pulso acelerado,
dame tus manos,
déjame ver dentro de ti,
déjame buscar tu otro Yo,
tu Yo real.

Solo así podrás recordarme,
solo así podré recordarte
cuando esta noche termine
y no nos volvamos a ver.

Tanta libertad (Nicolás Gramajo)

Tengo tanta libertad
que este pensamiento
podría ser el último.
Podría abrirme de par en par las venas
y nadie me detendría.

Podría despojarme de ropas
y salir sin rumbo,
sin guía ni remordimiento.
Podría colgar de un hilo,
con los pies en el aire
y la lengua en el pecho.

En cuestión de segundos
podría desaparecer,
volar o tan solo quedarme quieto,
sin alguien de quien despedirme,
sin destinatario para mis últimas palabras,
sin velatorio ni réquiem.

Preferiría que me aten o me encierren,
porque aunque uno lucha
con garras y colmillos
en busca de la libertad,
el día que la encuentras,
más que nunca,
necesitas un límite, un punto.

Podría emborracharme hasta la cirrosis
sin tener que dar cuentas a nadie,
en silencio y solo,
sin un miserable clavel
sobre mi gris y desolada tumba.