Hoy la muerte pasó por aquí,
en silencio, sin aviso.
Se acercaba cada vez más,
y a cada paso la veía más atractiva.
De repente me besó la mejilla,
lo mas cerca de la boca posible,
casi rozándola, y me sedujo,
por poco no me convence.
Me acarició la cara
y no sentí miedo,
estaba en un estado de entrega,
pero me atravesó y siguió.
Hoy le toco al de al lado,
hoy solo me guiñó un ojo,
pero ya conozco su cara
y dudo que tarde en volver.
martes, 2 de septiembre de 2008
Huyamos de aqui (Agustina Velázquez & Nicolás Gramajo)
Vayámonos hoy,
a donde nadie nos reconozca en la calle,
donde haya un mundo por hacer.
Vayámonos a un lugar al azar,
pequeño,
sin equipaje, sin pasado,
descalzos y desnudos.
Tristes y solitarios,
quemando la tristeza en el fuego,
felices, sin cansancio,
creando un mundo nuevo.
No necesitamos decirle a nadie,
nadie tiene que saberlo.
Vayamos por la orilla de algún río,
así nadie podrá seguir nuestras huellas.
Saquemos nuestras almas golpeadas de aquí,
vayamos tan lejos como sea necesario,
para que ya no duelan.
Llevemos tan solo
nuestros silencios
y nuestras palabras a tiempo.
El porvenir está por venir,
huyamos ya, engañémoslo.
Vayámonos lejos,
a un lugar donde la rutina
no nos aprisione,
un lugar vacío, para llenar.
Toma mi mano y volemos ahora,
que todavía es de noche,
antes que el sol se despierte
y caliente el asfalto.
a donde nadie nos reconozca en la calle,
donde haya un mundo por hacer.
Vayámonos a un lugar al azar,
pequeño,
sin equipaje, sin pasado,
descalzos y desnudos.
Tristes y solitarios,
quemando la tristeza en el fuego,
felices, sin cansancio,
creando un mundo nuevo.
No necesitamos decirle a nadie,
nadie tiene que saberlo.
Vayamos por la orilla de algún río,
así nadie podrá seguir nuestras huellas.
Saquemos nuestras almas golpeadas de aquí,
vayamos tan lejos como sea necesario,
para que ya no duelan.
Llevemos tan solo
nuestros silencios
y nuestras palabras a tiempo.
El porvenir está por venir,
huyamos ya, engañémoslo.
Vayámonos lejos,
a un lugar donde la rutina
no nos aprisione,
un lugar vacío, para llenar.
Toma mi mano y volemos ahora,
que todavía es de noche,
antes que el sol se despierte
y caliente el asfalto.
miércoles, 30 de julio de 2008
Desnuda (Agustina Velázquez)
Quiero la soledad que me robaron ,cuando leyeron mi alma en decadencia,esa que fue cómplice de mis agonizantes noches ,corriendo sin sabor a nada ,olvidando hasta sentirme un despojo,esa que te espiaba desde lejos,que te hacía regalos sangrientos en un papel,quiero la soledad que encubría un cielo repleto de males ,quiero la soledad que estaba conmigo ,aun no estando tan sola,pero recibiendo estacas que me demostraban lo sola que estaba ,quiero esa complicidad entre telones ,que pasa por mis venas,que revela tu amor,tan puro ,tan mío,tan nuestro ..tan hipócrita ,tan desierto ,tan vacío,tan lleno de tu constante ausencia,de tu lejana presencia ,de mis defasajes,será que eres mi salvación ,o que quiero que me salves.Quiero esa soledad que enmantelaba un mundo de amor falso ,de presión ,de violencia,de excesos.Quiero esa soledad que me atomizaba con sábanas frías ,calientes,ajenas ,y mi cuerpo ahí,Esa soledad callada ,celebradora de mis huesos,La intimidad que perdí.
viernes, 25 de julio de 2008
Quien quemó las naves (Nicolás Gramajo)
Algo de tus labios
se quedo aquí, en los míos,
no se si el carmín
o algún trozo de piel seca,
pero como nunca,
te extraño.
También extraño el resto
de tu epidermis,
por donde mis dedos,
como rojos pies de hormiga,
caminaban piernas
hasta el fuego.
En tu cuello me colgaría,
compraría esas tierras,
pero ahora son inalcanzables,
yo mismo tapié esas puertas,
fui yo quien le puso las púas
a los alambres por los que ahora sangro.
Extraño tus manos sobre las mías,
tu abrazo en mi hueco,
tu desnudez en mi colchón,
pero esta vez fui yo
quien quemó las naves,
el suicida.
Hoy quiero girar el reloj de arena,
para atrás, a la inversa,
pero fui yo quien roció el veneno
en el plato por el que ahora agonizo.
Tu diste el “Buena suerte”
y yo el “Hasta luego”.
se quedo aquí, en los míos,
no se si el carmín
o algún trozo de piel seca,
pero como nunca,
te extraño.
También extraño el resto
de tu epidermis,
por donde mis dedos,
como rojos pies de hormiga,
caminaban piernas
hasta el fuego.
En tu cuello me colgaría,
compraría esas tierras,
pero ahora son inalcanzables,
yo mismo tapié esas puertas,
fui yo quien le puso las púas
a los alambres por los que ahora sangro.
Extraño tus manos sobre las mías,
tu abrazo en mi hueco,
tu desnudez en mi colchón,
pero esta vez fui yo
quien quemó las naves,
el suicida.
Hoy quiero girar el reloj de arena,
para atrás, a la inversa,
pero fui yo quien roció el veneno
en el plato por el que ahora agonizo.
Tu diste el “Buena suerte”
y yo el “Hasta luego”.
The wall (Nicolás Gramajo)
La cama se partió en dos,
una guillotina de hielo
cruelmente la cortó.
Sin nada que decir
y un millón de preguntas oprimidas
que no pueden salir.
Ambas partes miraron el techo,
y en las tablas húmedas
no encontraron más
que escapatorias y silencio.
En el aire q entraba del balcón
se van bailando
los sueños y las idas,
al son del mutismo.
Ni los pies se encuentran, sorprendidos,
en el desliz de un roce.
Es inviable trepar ese muro opaco
teniendo esa estaca en el pecho
que rápidamente lo desangra.
Eran dos soledades ya definitivas,
que solamente buscaban
correr sin destino ni mapas,
huir, volar lejos de allí,
sin fotos en el relicario,
aunque ese muro ya esté manchado,
y sus manos rotas
de intentos fallidos por escalar,
que siempre terminan en una
solitaria y dolorosa caída.
una guillotina de hielo
cruelmente la cortó.
Sin nada que decir
y un millón de preguntas oprimidas
que no pueden salir.
Ambas partes miraron el techo,
y en las tablas húmedas
no encontraron más
que escapatorias y silencio.
En el aire q entraba del balcón
se van bailando
los sueños y las idas,
al son del mutismo.
Ni los pies se encuentran, sorprendidos,
en el desliz de un roce.
Es inviable trepar ese muro opaco
teniendo esa estaca en el pecho
que rápidamente lo desangra.
Eran dos soledades ya definitivas,
que solamente buscaban
correr sin destino ni mapas,
huir, volar lejos de allí,
sin fotos en el relicario,
aunque ese muro ya esté manchado,
y sus manos rotas
de intentos fallidos por escalar,
que siempre terminan en una
solitaria y dolorosa caída.
El suelo como utopía (Nicolás Gramajo)
Hoy soy invisible,
frío,
siento que puedo volar,
con mis negras o blancas alas.
Hoy se rompió la cadena
que me apresaba,
hoy el viento
sacude mis pelos y mi alma.
Hoy el suelo es una utopía,
atravieso la gente,
sin importarles.
Surco las calles,
por supuesto, solo.
Hoy, por primera vez,
ni me imagino vivo,
ya me acostumbré al espejo vacío,
a ya no querer despertarme.
Acá estoy,
mordiéndole las uñas y las carnes
a la soledad,
buscando en ella las respuestas.
Hoy no me vestí de gala
para esperar
a la muerte de mi muerte,
que ya llego y golpea mi puerta.
frío,
siento que puedo volar,
con mis negras o blancas alas.
Hoy se rompió la cadena
que me apresaba,
hoy el viento
sacude mis pelos y mi alma.
Hoy el suelo es una utopía,
atravieso la gente,
sin importarles.
Surco las calles,
por supuesto, solo.
Hoy, por primera vez,
ni me imagino vivo,
ya me acostumbré al espejo vacío,
a ya no querer despertarme.
Acá estoy,
mordiéndole las uñas y las carnes
a la soledad,
buscando en ella las respuestas.
Hoy no me vestí de gala
para esperar
a la muerte de mi muerte,
que ya llego y golpea mi puerta.
jueves, 24 de julio de 2008
Gárgolas en la noche (Nicolás Gramajo)
Cuando la luz de una vela
me encandile,
cuando el vapor caliente
empañe mis cristales,
se que vas a estar ahí,
pero no quiero que seas mis ojos,
sino que pongas los tuyos en mis orejas.
No quiero que corras delante de mí
cortando la maleza,
sino que me des el cuchillo,
me enseñes a usarlo.
Que me hagas señas
cuando la cera tape mis oídos
y no escuche las sirenas.
Cuando mi cabeza vaya en un riel
con la pared como único destino,
no te interpongas
ni la cubras de almohadones,
solo quiero que pienses en como levantarme,
y no dándome la mano,
sino poniendo un bastón al alcance de la mía.
Si no debo emprender esa carrera,
no me detengas,
lléname la ruta de obstáculos,
ponme mil trampas,
solo así me replantearé las cosas,
solo así asimilaré el dolor de las caídas
y odiaré el olor de mi propia sangre.
Y aunque a veces no parezca,
se que estás ahí cuando no te veo,
como una gárgola al asecho,
envuelto en el velo de la noche,
siguiendo cada movimiento,
con ti rifle cargado,
apuntando hacia mis piernas.
También sé de tu corazón de piedra,
resistente a mis desgarradores gritos,
de tu lengua en mis heridas mientras duermo.
Aunque no lo sepas, en el reflejo del lago,
he visto tus manos, listas al rescate,
de reojo he visto tu sombra,
escondida durante mi caída.
Y solo eso me salva.
me encandile,
cuando el vapor caliente
empañe mis cristales,
se que vas a estar ahí,
pero no quiero que seas mis ojos,
sino que pongas los tuyos en mis orejas.
No quiero que corras delante de mí
cortando la maleza,
sino que me des el cuchillo,
me enseñes a usarlo.
Que me hagas señas
cuando la cera tape mis oídos
y no escuche las sirenas.
Cuando mi cabeza vaya en un riel
con la pared como único destino,
no te interpongas
ni la cubras de almohadones,
solo quiero que pienses en como levantarme,
y no dándome la mano,
sino poniendo un bastón al alcance de la mía.
Si no debo emprender esa carrera,
no me detengas,
lléname la ruta de obstáculos,
ponme mil trampas,
solo así me replantearé las cosas,
solo así asimilaré el dolor de las caídas
y odiaré el olor de mi propia sangre.
Y aunque a veces no parezca,
se que estás ahí cuando no te veo,
como una gárgola al asecho,
envuelto en el velo de la noche,
siguiendo cada movimiento,
con ti rifle cargado,
apuntando hacia mis piernas.
También sé de tu corazón de piedra,
resistente a mis desgarradores gritos,
de tu lengua en mis heridas mientras duermo.
Aunque no lo sepas, en el reflejo del lago,
he visto tus manos, listas al rescate,
de reojo he visto tu sombra,
escondida durante mi caída.
Y solo eso me salva.
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